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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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CASA PUBLICADORA BRASILEIRA 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 12 

(15 al 22 de Marzo de 2008) 

Misión y comisión 



Dr. Berndt D. Wolter 



Somos justificados, es decir, perdonados, a través de la fe. Parece que esta frase se 
ha tornado en una expresión con la cual tenemos que estar de acuerdo. ¿Puedo ar- 
gumentar contigo para ver si tú sólo has aprendido a estar de acuerdo con esta ver- 
dad, o si tú realmente la crees en el fondo de tu corazón? 

Soy justificado por la fe y no hay ninguna obra que puede justificarme ni recomendar- 
me delante de Dios ¿no es así? Soy salvo por la fe y no por las obras. ¿Pero no somos 
condenados por nuestras obras malas? Si yo practico malas obras ¿no me perderé a 
causa de ellas? ¿Es así? 

¡Nol Somos justificados por la fe y condenados por la falta de fe. Las obras no tienen 
poder de provocaren nosotros ni salvación ni perdición. 

La confianza en Dios (Fe) y en aquello que Él ha providenciado como solución para el 
pecado y la culpa es lo que nos salva. La falta de confianza (Fe) en Dios y en aquello 
que Él ha providenciado para salvarnos es lo que acarrea perdición. 

Las buenas y malas obras son sólo una manifestación del corazón. Un corazón confia- 
do en Dios produce obras que traducen y evidencian esa confianza. Un corazón resis- 
tente y rebelde contra Dios evidencia aquello que la rebeldía, la desconfianza y la indi- 
ferencia contra Dios generan en el corazón. 

Hasta ahora todo está claro, ¿verdad? La salvación viene por fe, "no por obras, para 
que nadie se gloríe" (Efesios 2:8, 9). Entonces, ¿para qué sirven las buenas obras? 
Está bien, ellas son una evidencia de la confianza que tengo en mi corazón, pero... 
¿para qué sirven? 

Mateo 5:16 nos dice: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean 
vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". Ouiere 
decir que nuestras buenas obras no traen salvación para nosotros, pero sí pueden lle- 
var salvación a otros. Si mis buenas obran hacen que otras personas reconozcan a 
Dios y lo glorifiquen, entonces sirven para la salvación de otros. 

La fe es una mano invisible que estamos intentando extender alcanzando un regalo de 
Dios extendido gratuitamente para todos nosotros. 



Muchas personas dicen que hay sólo un medio para resolver el problema del pecado. 
¡No estoy de acuerdo! Hay dos maneras: 1) Tú puedes pagar con tu vida el precio del 
pecado. ¡Pero no te queda "vuelto" para la salvación! 2) Puedes aceptar el pago que 
Jesús ha hecho por tu pecado, y aceptar la vida como regalo. Es esto lo que el apóstol 
Pablo dice en Romanos 6:23 "Porque la paga del pecado es la muerte. Pero el don 
gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro". 

Pero ése es sólo el primer paso. Debo recibir confiado y libremente la salvación. Hay 
personas que han sido aprisionadas de tal manera, que aceptan salir de una prisión 
sólo para meterse en otra. IVIe explico: Conocí a un hombre que había estado 27 años 
en prisión. Cuando recibió su libertad condicional, sintió nostalgias de la cárcel. "¡Allí 
dentro era alguien!", me decía. "Aquí afuera no soy nadie, y encima las personas me 



Muchas personas abandonan la prisión del pecado para meterse en una prisión reli- 
giosa. Hay quienes no han logrado entender la libertad traída por Jesús. No experi- 
mentan una vida en libertad. Tal vez en este punto hay alguien que reaccione, u otro 
que crea que puede extraer alguna ventaja de lo que diré: Si tú no eres completamente 
libre para pecar o rebelarte en cualquier momento, es porque no has experimentado la 
liberación de la salvación que viene por la fe. 

Lo que quiero decir es que, ahora, en este preciso momento, puedo dejar de ser cris- 
tiano y pastor. Tengo completa libertad de decidir, hoy mismo, por una vida en comple- 
ta rebelión contra Dios. No hay nada que me retiene u obligue a continuar, a no ser por 
mi libre decisión. Lo único que me puede constreñir es el amor de Dios (2 Corintios 
5:14). 

Es esta la libertad que la salvación traer. Es esta salvación liberadora la que debemos 
predicar a las personas y ayudarlas a encontrar la madurez cristiana en plena libertad, 
sin ninguna clase de manipulación o prisión religiosas. 

¿Sabes que, invariablemente, tu vida sigue tus creencias? Según lo que hemos anali- 
zado durante la semana pasada, aquello que lo que tú crees es lo que será la guía de 
tu vida, ya sea que te des cuenta de esto o no, que lo decidas o no. 

Me gusta invitar a las personas a ser intencionales en aquello en lo que creen, y que lo 
construyan con la ayuda de Dios y su Palabra, y la ve en el Dios verdadero que guiará 
su vida. La guía de Dios es maravillosa y liberadora, pues está basada en la ley del 
amor. 



El drama del fin del tiempo y el discipulado 

Un empresario me dijo en una oportunidad: "No me impresiono tanto con nadie que 
trata bien a su jefe o alguna persona destacada de la sociedad... Me impresiona ver a 
hombres y mujeres que, teniendo una posición destacada y pudiendo pisotear al más 
débil, no lo hacen por decisión propia, actuando humildemente". 



a cual Dios puede transformar nuestro testimonio en poder para 



El contexto de Mateo 25 nos habla del tiempo del fin. Jesús describe las luchas y difi- 
cultades del tiempo final y nos orienta, como discípulos especiales, es decir, discípulos 
de ese tiempo. El está habiéndonos a nosotros, la iglesia de Laodicea, tibia, indiferente 
y que cree que tiene todo. Y por creer que lo tiene todo, piensa que no es necesario 
llevar el evangelio impregnado de asistencia social a los que lo necesitan. Sí, en medio 
de este conflicto final, somos llamados a servir para conquistar personas para Cristo. 

Hay una tendencia que circula por ahí, que ya hemos comentado: "Hagamos de este 
mundo un mundo mejor". No es esta la función principal de los cristianos, discípulos de 
Jesús para el tiempo del fin. Nuestra función es, en medio de las batallas espirituales 
finales, presentar la liberación en Jesucristo. La liberación que Jesús vino a traer no es 
únicamente la de liberar a las personas del hambre y la pobreza materiales. Pero, 
¿cómo hablar de una liberación mayor, con el hambre apretando el estómago? ¿Cómo 
hablar del Pan de Vida si el pan físico no se ha materializado? ¿Cómo hablar de la li- 
beración espiritual si no vamos a visitar a los encarcelados? ¿Cómo hablar del calor 
del amor de Dios a personas que están pasando frío? Por eso, la Biblia añade la otra 
parte: "La religión pura y sin mancha ante Dios, el Padre, es ésta: Visitar a los huérfa- 
nos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo" (San- 
tiago 1:27). Este pasaje, sumado al de IVIateo que estamos analizando, aporta un pa- 
norama general, y muestra que Jesús se manifiesta y se revela a través de nuestros 
actos de bondad. 

"Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos los 
hombres. Es manifiesto que sois carta de Cristo, resultado de nuestro ministerio, escri- 
ta no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las 
palpitantes páginas del corazón" (2 Corintios 3:2, 3). Si las personas no logran leer 
quién es Dios en nuestra vida y a través de nuestros actos, ¿cómo verán que somos 
salvos? ¿Cómo verán el camino sobremanera excelente a ser recorrido? ¿Cómo serán 
motivadas y desafiadas a seguir a Aquél que obra el bien en todos? 



La comisión en Marcos 

La fe en acción es la marca registrada del verdadero discípulo de Jesús. 

Es interesante el hecho de que, cuando los discípulos salen en actos audaces y valien- 
tes, ellos entran en terreno enemigo para buscar y rescatar a aquellos que le pertene- 
cen a Dios y que, en medio de esta batalla, algunas de las señales que se describen 
en IVIarcos los acompañarán en alguna que otra situación. 

Recuerdo diversas situaciones en las cuales estuve expuesto a demonios que domi- 
naban la vida de otras personas. Tuve que aprender lenguas nuevas, y oré por perso- 
nas y Dios las bendijo conforme a su voluntad. ¡Cuántas personas que, poniéndose a 
disposición de servir, han sido utilizadas de manera maravillosa! ¡Con cuántas perso- 
nas me he encontrado cuya experiencia como discípulos se ha multiplicado en vigor y 
felicidad, luego de iniciar un peregrinaje de servicio al prójimo, para llevarlo a la salva- 



3 tantos, no puede ser visto también 



El discipulado y el Evangelio 

Hay un evangelio eterno que debe ser predicado. Dios siempre ha cumplido aquello 
que prometió. El evangelio libera, actúa, restaura e impresiona corazones y mentes 
desde la fundación del mundo. 

Las buenas obras que fueren acompañadas de una descripción de "Aquél que hizo los 
cielos y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas..." no llevarán a las personas a te- 
mer a Dios y darle gloria, y no estarán preparadas para la hora del Juicio. 

Cada uno ha recibido uno o más dones del Espíritu para servir. Algunos son predica- 
dores, otros son maestros, profetas... Efesios 4, Romanos 12; 1 Corintios 12, descri- 
ben y enumeran los dones del Espíritu. ¿Es un hecho que los dones han sido distribui- 
dos y que hay, por ejemplo, personas que no tienen el don de la predicación del evan- 
gelio? Reflexiona conmigo. Existen, entre otros, los dones de la oración, de la liberali- 
dad, del servicio. Pero, ¿será que únicamente los que tienen el don de la oración son 
los que tienen que orar? ¿O sólo los que tienen el don de dar son los que tienen que 
ser generosos en sus ofrendas, diezmos y acciones? ¡Claro que no! Todos somos lla- 
mados a predicar el evangelio o, por lo menos, a colaborar con la predicación. 

Al comienzo de mi peregrinaje cristiano, siempre me juntaba con personas con dones 
complementarios a los míos. Había una señora llamada Marilda, que vivía en la ciudad 
de IVIaringá (estado de Paraná, Brasil), que tenía la habilidad de reunir a las personas. 
Con un cariño del todo especial, hacía cosas sabrosas para comer, jugo para tomar y 
llamaba a sus vecinos para tomar una merienda. IVIi parte era la de darle estudios 
bíblicos a aquellas personas que ella invitaba. A través de esa sociedad levantamos 
una iglesia que hoy cuenta con 150 miembros. Marilda cree que la promesa "Cree en 
el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa", realmente se ha cumplido en la vida de 
ella. Ella ganó a su esposo incrédulo conforme lo recomienda la Biblia, y yo fui benefi- 
ciado descubriendo y desarrollando mi don. 

Como adventistas, tenemos que descubrir mucho más con respecto a nuestros dones, 
pero especialmente desarrollarlos en equipo, en un trabajo conjunto, sin estréllalos y 
sin políticas, para la honra de Dios. 



"Testigos de estas cosas" 

Haber visto y oído al Señor Jesucristo debe de haber sido un privilegio tremendo. Me 
hubiera gustado ser uno de los doce discípulos. Muchos creen que habría sido más 
fácil seguir a Jesús que como lo hicieron los discípulos. Durante bastante tiempo, yo 
también pensé de esa manera. Cierto día, leí el diálogo de Jesús con Tomás, y la de- 
claración de Jesús: "Porque me viste, creíste. Bienaventurados los que no vieron, y 
creyeron" (Juan 20:29). 

Parece que nosotros, cristianos del siglo XXI somos múltiples bienaventurados. Somos 
la generación de los discípulos del tiempo del fin. Veremos cosas maravillosas cum- 
plirse proféticamente. No sólo las vamos a ver, seremos protagonistas de la última ge- 
neración, la que participará de los últimos acontecimientos de este mundo. 



Somos bienaventurados porque no vimos. Y para ver iioy, con los miles de ilusiones y 
engaños que pululan por aquí, es necesario tener los ojos de la fe entrenados para ver 
las maravillas de Jesús. 

Tenemos un mensaje mucho más completo que el de cualquier otra generación de 
discípulos. Este mensaje nos protege de los engaños y artimañas de Satanás. Los 
cristianos que no creen en la providencia profética de Dios para este tiempo, creerán 
en Jesús, sí, pero estarán expuestos a decenas de trampas, las que Satanás ha reuni- 
do en su experiencia de seis mil años para engañar, si fuere posible, aún a los escogi- 
dos. 

Somos bienaventurados porque, más que en cualquier otra generación, tenemos que 
caminar por fe. Y sólo el justo vivirá por la fe. 

Hay muchos miembros en la iglesia, pero pocos discípulos que viven por la fe. ¿A cuál 
de estos grupos tú perteneces? 

Dr. Berndt D. Wolter 

Profesor de Misiología 

Univ. Adventista de San Pablo - Campus 2 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 



RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

Rolando D. Chuquimia - rdchuquimia@ciudad.com. ar 

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